Cepal: el bono demográfico se agota en la región, excepto en Bolivia

La región se queda sin una de sus grandes ventajas económicas. El bono demográfico, el período en que baja la proporción de dependientes (menores de 15 y mayores de 65 años) respecto de las personas en edad de trabajar, terminará en 2028 en el promedio regional, según un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), elaborado para la Sexta Reunión de la Conferencia Regional sobre Población y Desarrollo, realizada en Montevideo en agosto. Bolivia es la excepción. Según las proyecciones del organismo, será el último país de América Latina en agotarlo, alrededor de 2049. La pregunta es si llegará a esa etapa con empleo formal y productividad suficientes para sacarle provecho. Una región que envejece En 1950, la mitad de la población regional tenía menos de 18 años. En 2024, la mediana de edad llegó a 31 años y, para 2050, se proyecta que alcance los 40. Las personas de 60 años y más pasarán del 14,5% de la población en 2025 al 25,1% en 2050. El efecto económico es directo. Mientras dura el bono, el aumento de la población en edad de trabajar empuja el crecimiento. Cuando termina, el impacto demográfico sobre el PIB per cápita tiende a ser negativo y solo se compensa con ganancias sustanciales de productividad. Cinco países de América Latina y 13 del Caribe ya cerraron esa etapa. La fuerza de trabajo también pierde impulso. En 20 países de América Latina crecía en 4,5 millones de personas al año entre 2010 y 2022 y, entre 2040 y 2050, lo hará en solo 1,5 millones. A la vez, aumentará el peso de los mayores de 65 años dentro de la fuerza de trabajo. El descenso también alcanza a las aulas. En 20 países de América Latina, la población en edad escolar caerá entre 19% y 22% hacia 2050 respecto de 2020: la de primera infancia y preprimaria quedará en 78% y la de secundaria alta en 81%. El golpe no es simultáneo: la educación temprana ya registró su mayor caída entre 2020 y 2025, y la secundaria alta la sentirá sobre todo entre 2030 y 2040, con ritmos distintos según el país. La comparación del bono con Asia La CEPAL advierte que los dividendos del bono no están garantizados: requieren trabajo decente, inversión en capacidades humanas y un entorno favorable al crecimiento. La región no lo logró en la medida de otras economías. En Asia Oriental, el PIB per cápita real creció en promedio 6,1% entre 1965 y 1990, frente a 0,9% en América del Sur en el mismo período. Corea del Sur ilustra la diferencia. Hasta mediados de los años ochenta su PIB per cápita estaba por debajo del latinoamericano; hoy es casi cuatro veces mayor. El informe atribuye la brecha a la fragilidad de la productividad en la región. Bolivia, todavía jóven pero con rezagos Bolivia tiene una de las medianas de edad más bajas de la región: 25,5 años, apenas por encima de Haití (24,3). La fecundidad boliviana, de 2,52 hijos por mujer, supera el nivel de reemplazo, y la esperanza de vida al nacer es de 68,7 años. El informe la ubica en un grupo de “transición demográfica moderada”, junto con República Dominicana, que en conjunto reúnen el 3,6% de la población regional. La mortalidad en la niñez, de 40,4 por cada mil nacidos vivos, es un valor atípico en la región. Para la CEPAL, el perfil de ese grupo indica rezagos en salud en la niñez y en el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva. Es decir, la ventaja demográfica boliviana convive con una base social todavía frágil. Una población joven solo se convierte en motor económico si encuentra empleo de calidad y llega al mercado laboral con la formación necesaria. Pensiones, informalidad y oportunidades de negocio El otro frente es la protección social. En la región, más del 50% de los ocupados no cotiza ni está afiliado a un sistema de pensiones. Las pensiones no contributivas ampliaron la cobertura de los mayores de 65 años del 3,4% al 31,5% entre 2000 y 2022, pero el envejecimiento y el fin del bono etario aumenta la presión fiscal para sostenerlas. Muchos adultos mayores, sin pensión o con una insuficiente, siguen trabajando, con frecuencia en la informalidad, por necesidad. Para la CEPAL, el envejecimiento también abre espacios económicos. Menciona la salud, los cuidados, las finanzas, la industria farmacéutica, las tecnologías digitales, el turismo, la educación y la vivienda. Estima que invertir en sistemas de cuidados exige cerca de 4,7% del PIB en promedio regional y que, de concretarse hacia 2035, podría generar más de 31 millones de empleos. El organismo advierte, sin embargo, que estas oportunidades no se pueden evaluar como en Europa o Asia. Con alta informalidad y baja cobertura previsional, deben pensarse con una lógica inclusiva. Una ventana con límites Para Bolivia, el mensaje es doble. Tiene más tiempo que sus vecinos para aprovechar una población en edad de trabajar creciente. Pero el informe es claro en que el bono no genera crecimiento por sí solo: lo genera el trabajo decente, la inversión en capacidades humanas y la productividad. Las décadas que quedan hasta 2049 son el plazo para construirlos; de lo contrario, el país llegará al envejecimiento sin haber capitalizado su ventaja.
El encuentro con expertos y autoridades analizará cómo adaptarse a la inteligencia artificial y a los cambios laborales.
El envejecimiento y el fin del bono etario reduce el impulso de la fuerza laboral y aumenta la presión sobre los sistemas de pensiones.
La región se queda sin una de sus grandes ventajas económicas. El bono demográfico, el período en que baja la proporción de dependientes (menores de 15 y mayores de 65 años) respecto de las personas en edad de trabajar, terminará en 2028 en el promedio regional, según un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), elaborado para la Sexta Reunión de la Conferencia Regional sobre Población y Desarrollo, realizada en Montevideo en agosto.
Bolivia es la excepción. Según las proyecciones del organismo, será el último país de América Latina en agotarlo, alrededor de 2049. La pregunta es si llegará a esa etapa con empleo formal y productividad suficientes para sacarle provecho.
En 1950, la mitad de la población regional tenía menos de 18 años. En 2024, la mediana de edad llegó a 31 años y, para 2050, se proyecta que alcance los 40. Las personas de 60 años y más pasarán del 14,5% de la población en 2025 al 25,1% en 2050.
El efecto económico es directo. Mientras dura el bono, el aumento de la población en edad de trabajar empuja el crecimiento. Cuando termina, el impacto demográfico sobre el PIB per cápita tiende a ser negativo y solo se compensa con ganancias sustanciales de productividad. Cinco países de América Latina y 13 del Caribe ya cerraron esa etapa.
La fuerza de trabajo también pierde impulso. En 20 países de América Latina crecía en 4,5 millones de personas al año entre 2010 y 2022 y, entre 2040 y 2050, lo hará en solo 1,5 millones. A la vez, aumentará el peso de los mayores de 65 años dentro de la fuerza de trabajo.
El descenso también alcanza a las aulas. En 20 países de América Latina, la población en edad escolar caerá entre 19% y 22% hacia 2050 respecto de 2020: la de primera infancia y preprimaria quedará en 78% y la de secundaria alta en 81%. El golpe no es simultáneo: la educación temprana ya registró su mayor caída entre 2020 y 2025, y la secundaria alta la sentirá sobre todo entre 2030 y 2040, con ritmos distintos según el país.
La CEPAL advierte que los dividendos del bono no están garantizados: requieren trabajo decente, inversión en capacidades humanas y un entorno favorable al crecimiento. La región no lo logró en la medida de otras economías. En Asia Oriental, el PIB per cápita real creció en promedio 6,1% entre 1965 y 1990, frente a 0,9% en América del Sur en el mismo período.
Corea del Sur ilustra la diferencia. Hasta mediados de los años ochenta su PIB per cápita estaba por debajo del latinoamericano; hoy es casi cuatro veces mayor. El informe atribuye la brecha a la fragilidad de la productividad en la región.
Bolivia tiene una de las medianas de edad más bajas de la región: 25,5 años, apenas por encima de Haití (24,3). La fecundidad boliviana, de 2,52 hijos por mujer, supera el nivel de reemplazo, y la esperanza de vida al nacer es de 68,7 años.
El informe la ubica en un grupo de “transición demográfica moderada”, junto con República Dominicana, que en conjunto reúnen el 3,6% de la población regional. La mortalidad en la niñez, de 40,4 por cada mil nacidos vivos, es un valor atípico en la región. Para la CEPAL, el perfil de ese grupo indica rezagos en salud en la niñez y en el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva.
Es decir, la ventaja demográfica boliviana convive con una base social todavía frágil. Una población joven solo se convierte en motor económico si encuentra empleo de calidad y llega al mercado laboral con la formación necesaria.
El otro frente es la protección social. En la región, más del 50% de los ocupados no cotiza ni está afiliado a un sistema de pensiones. Las pensiones no contributivas ampliaron la cobertura de los mayores de 65 años del 3,4% al 31,5% entre 2000 y 2022, pero el envejecimiento y el fin del bono etario aumenta la presión fiscal para sostenerlas. Muchos adultos mayores, sin pensión o con una insuficiente, siguen trabajando, con frecuencia en la informalidad, por necesidad.
Para la CEPAL, el envejecimiento también abre espacios económicos. Menciona la salud, los cuidados, las finanzas, la industria farmacéutica, las tecnologías digitales, el turismo, la educación y la vivienda. Estima que invertir en sistemas de cuidados exige cerca de 4,7% del PIB en promedio regional y que, de concretarse hacia 2035, podría generar más de 31 millones de empleos.
El organismo advierte, sin embargo, que estas oportunidades no se pueden evaluar como en Europa o Asia. Con alta informalidad y baja cobertura previsional, deben pensarse con una lógica inclusiva.
Para Bolivia, el mensaje es doble. Tiene más tiempo que sus vecinos para aprovechar una población en edad de trabajar creciente. Pero el informe es claro en que el bono no genera crecimiento por sí solo: lo genera el trabajo decente, la inversión en capacidades humanas y la productividad. Las décadas que quedan hasta 2049 son el plazo para construirlos; de lo contrario, el país llegará al envejecimiento sin haber capitalizado su ventaja.
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